¡Yo estoy con ustedes!

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Es en el libro de los Hechos de los apóstoles en donde se nos narra este acontecimiento de fe que estamos celebrando. Cuando los apóstoles se quedaron mirando hacia arriba, unos ángeles los vuelven a la realidad: “Galileos, ¿Qué hacen allí parados, mirando al cielo? Ese mismo Jesús que los ha dejado para subir al cielo, volverá como lo han visto alejarse”.
¿Qué es la ASCENSIÓN? es la subida al cielo del Señor, acontecida cuarenta días después de la resurrección. La ASCENSIÓN es la exaltación o glorificación de Jesucristo, que regresa al Padre como verdadero Dios y verdadero hombre, para sentarse a su derecha y reinar como Señor de toda la creación por Él redimida. La ASCENSIÓN marca el triunfo de Cristo sobre la muerte y el inicio de un nuevo modo de vida: la gloria plena y rebosante de la persona humana, alma y cuerpo, cerca de Dios y para toda la eternidad. Forma parte de un todo y gran misterio de la nueva vida gloriosa de Cristo. Con la ASCENSIÓN se afirma, el final victorioso de la estancia de Cristo en la tierra.
Unida, al sentido conclusivo de la ASCENSIÓN, está la GLORIFICACIÓN que el Padre otorga a Jesucristo, dándole el más alto honor en el cielo, por encima de todos los seres creados. Esto es lo que hemos de entender por la expresión “sentado a la derecha del Padre”. La ASCENSIÓN de Jesucristo marca la entrada definitiva de la humanidad de Jesús en el dominio celestial de Dios de donde ha de volver. La ASCENSIÓN de Cristo al cielo significa la participación, de su humanidad, en el poder y en la autoridad de Dios mismo. Quiere decir que Cristo es el Señor del cosmos (Ef. 4,10) y de la historia. En Él, la historia de la humanidad e incluso toda la creación encuentran su recapitulación (Ef. 1,10), su cumplimiento trascendente.
Ahora bien, lo más importante es lo que la Ascensión tiene que ver con nosotros, para el presente como para el futuro. ¿Qué significa para el presente? Nos sugiere que el triunfo, la gloria, que todos deseamos y anhelamos alcanzar no vienen gratis, que es necesario pasar por momentos de prueba de sacrificio, de lucha en ocasiones hasta el extremo, pero que a fin de cuentas todo eso tendrá su recompensa. Aunque no veamos cerca el resultado no quiere decir que no vendrá. ¿Qué significa para el futuro? Que estamos llamados a participar de la gloria de Jesucristo resucitado, gloria que nos será dada por pura gracia.
La Ascensión nos ofrece la herramienta necesaria para que seamos los cristianos que Jesús resucitado espera, y a la vez nos comparte el método para vivir de manera responsable y adulta la fe en la que hemos sido bautizados. Ya días antes de que sucediera la Ascensión, Jesús les había dicho a los apóstoles: “Yo me voy al Padre y ustedes están tristes… Sin embargo, les conviene que yo me vaya para que reciban el Espíritu Santo”. ¿Qué significaban estas palabras para todos? Jesús les dice, conviene que yo me vaya para que empiecen a vivir una fe adulta. Vivir una fe adulta, quiere decir, que cada quien camine a partir de sus decisiones motivadas bajo la acción del Espíritu Santo. Jesús no quiere a menores de edad en la fe, porque un menor de edad depende de los adultos para poder hacer su vida. Y Jesús, no nos quiere menores de edad, nos quiere como personas capaces de ser creativos, con decisión para construir un mundo que no está acabado, espera que cada uno de nosotros sigamos construyendo este mundo para llevarlo a plenitud. Lo que se logra al caminar bajo la acción del Espíritu.
El Espíritu Santo del que Jesús está hablando, no tiene una doctrina diferente o contraria a lo que Él enseñó, más bien, como lo repite Jesús, el Espíritu tomará de lo que yo les haya enseñado, para que lo recordemos y para que lo aprendamos con exactitud y claridad. Y lo que Jesús nos ha enseñado y repetido con su ejemplo y con sus parábolas es que, nos amemos como Él nos ha amado; que perdonemos; que nos sirvamos con humildad; que seamos sencillos como los niños, etc.

Todo esto contrasta con la tristeza y preocupación de los discípulos que desean seguridad: tener siempre junto a ellos a Cristo para que resuelva los problemas o al menos les indique cómo. Es la tentación de vivir la fe de manera protegida, infantil e irresponsable. Y por lo tanto es el reto que hoy también nosotros tenemos, el que queramos vivir nuestra vida y nuestra fe de manera creativa, responsable y comprometida, en familia, en el trabajo, en el estudio.
Con su Ascensión, Cristo quiere hacer crecer en nosotros la libertad, que es, la toma de decisiones en los momentos adecuados. ¿A qué me refiero? A que, si voy a decidir mi vocación, trabajar con ahínco para que sea firme, crezca, florezca y dé mucho fruto. Saber decidirme a amar como Jesús nos enseña a amar y que lo demuestre con las obras y no sólo con palabras y canciones románticas. Jesucristo resucitado y ascendido a los cielos, nos conoce y sabe que muchos requerimos de fuerza para no postergar nuestras decisiones y alcanzar que esta vida sea mucho más positiva.
Y si nos cuesta trabajo decidir, esta es la ocasión de que analicemos y pidamos la presencia del Espíritu para que nos ilumine la mente y aprendamos a conocer nuestra vida, con la luz y la fuerza de la vida de
Jesús y nos superemos.

Por eso al subir a los cielos, al lado del Padre, Jesús nos deja la asistencia del Espíritu. Y esta presencia la tenemos que aceptar, valorar y multiplicar. Porque Jesús nos ofrece todo lo que nos ayuda a crecer integralmente. Y al ofrecer esa ayuda adecuada, quien la ofrece, en este caso Jesús; sabe que ha de retirarse y dejar que sólo su inspiración acompañe a sus apóstoles, a sus sucesores, y a nosotros, para vivir con esfuerzo la vida de todos los días. Sin embargo, siempre es una tentación el vivir la religión o nuestras responsabilidades de una manera infantil, que en otras palabras es, no poner en práctica nuestra consciencia, y sí querer las cosas prefabricadas y disminuir nuestro esfuerzo y querer dejarle a la autoridad religiosa nos dicte con precisión absoluta lo que hemos de creer y las normas que tenemos que cumplir.
La Ascensión no es sólo la ausencia de Jesucristo geográficamente, es la invitación a vivir bajo la guía del Espíritu, el único que nos hace fieles al evangelio de Jesús.
La Ascensión, más que una meta, más que una llegada, es la nueva puerta que nos abre Jesús, para continuar con una vida más plena tanto en su encuentro y vivir unidos a Él, como en el encuentro con los hermanos, para vivir cada día la caridad cristiana que nos pide poner en práctica.
No nos sintamos alejados de tan gran acontecimiento de fe, hagámoslo parte de nosotros y que sea el motor que impulse nuestro esfuerzo para dejar y permitir que el Espíritu Santo nos guíe y acompañe siempre.

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