¡Si tu conocieras el don de Dios!

beber

SEÑOR, DAME DE ESA AGUA PARA NO VOLVER A TENER SED
La Palabra de Dios, nos presenta varios elementos para nuestra reflexión. El encuentro de Jesús, con la mujer, y posteriormente con los samaritanos, es el fin de una rivalidad que se originó muchos siglos atrás y que gracias a la apertura de Jesús y al deseo de creer de aquellos, se alcanzó la solución. De esta experiencia de vida, saquemos nuestra primera sugerencia, aprender a superar nuestros problemas humanos de relación interpersonal y así impedir que se conviertan en problemas insolubles por el paso del tiempo.
El agua deseada, la sed de Jesús, y el diálogo, llevan a aquella mujer a encontrarse consigo misma, con su pasado; siendo a la vez, ésta símbolo del pueblo de Samaria, que se había apartado de la fe en Yahvé, y por la presencia de Jesús a ese pueblo, es la fe, la que los reconcilia con el Padre por la mediación de Jesús que salva al que se había perdido. En el proceso del diálogo, Jesús le ofrece el agua viva, que Él sabe dar, pero como la mujer, aún no sabe mirar más allá, reclama: “cómo me vas a dar agua, si ni cántaro tienes”; el cántaro en san Juan, es símbolo de la Ley del AT; y Jesús ofrece: “el agua que yo le daré se hará fuente de agua que brota para la vida eterna”. Segunda sugerencia, para esta semana, ¿De qué agua hemos estado bebiendo, para apagar la sed de Plenitud, de conversión, de mejorar la vida, en medio de un estilo de existencia de la globalización del siglo XXI, con sus luces, pero con sus muchas sombras, de una fe débil; de un anhelo que de Dios todos llevamos impreso en nuestro interior, que se puede ver frustrado? ¿Nos hemos quedado con sed, y seguimos sedientos? Bebe del agua que Jesús da y nunca más tendrás sed, porque el agua que Él da, se convierte dentro de cada uno de nosotros, en un manantial capaz de dar vida eterna.
Del diálogo, se enciende en la mujer la fe, y pregunta, ¿dónde se debe dar culto a Dios? Jesús transforma al sujeto de culto, en adoración al Padre. Y nuevamente eleva cualitativamente la razón de la fe: “Se acerca la hora, y ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero, adorarán al Padre en espíritu y en verdad”. La mujer sin dar su total consentimiento, declara: “el Mesías nos dará razón de todo”. Y Jesús le revela: “Soy yo, el que habla contigo”. La mujer deja el cántaro, es decir, la Ley del AT, y el pasado, y va a anunciar e invitar a los samaritanos a tener un encuentro personal con Jesús, que por el testimonio de ella, creyeron. Y al llegar con Jesús y oírlo, declaran: “Ya no creemos por lo que nos has contado, pues nosotros mismos le hemos oído y sabemos que Él es, de veras el salvador del mundo, y le rogaron se quedara con ellos”; Él accede y creyeron, al oír su Palabra. Última sugerencia, vayamos a nuestra realidad y continuemos en diálogo con Jesús para reafirmar nuestra fe. Y hagámonos testigos de Jesús; para que muchos, que hoy, han perdido la fe, se les encienda, por nuestro testimonio, y que sea con Jesús con quien se queden; Él nos dará a todos el agua viva que se convertirá en ellos y en nosotros, en manantial inagotable para la vida eterna.

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