Cuaresma: ¡Tiempo para vencer!

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JESÚS FUE CONDUCIDO POR EL ESPÍRITU AL DESIERTO
¿Qué es la cuaresma? Tiempo de preparación, medio para llegar al objetivo final: la Semana Santa con el Triduo Pascual. Proceso de transformación, dentro del PROYECTO QUE DIOS TIENE PARA CADA PERSONA. Tiempo de tomar la fuerza del Espíritu, para salir como Cristo vencedores del pecado y de nuestras fragilidades. Se nos sugiere aumentemos el ritmo de oración. Que aumentemos la generosidad, la caridad y servicio de amor al prójimo. Que mejoremos los conocimientos, sobre nosotros y Dios, ya que la sabiduría y la alegría son para compartirlas con la familia y con quienes estén cerca. Es tiempo para que ejercitemos el verdadero sentido del ayuno: dominio de nosotros mismos, liberación de las cadenas opresoras (Isaías), fruto de nuestra abstención de comportamientos ofensivos para con los demás. Si ayunamos, ayunemos para compartir con los que menos tienen, sacrificándonos para entregarnos como Cristo a los hermanos. Pero no olvidemos que cuaresma es fundamentalmente un tiempo de conversión, (metanoia) en el que le damos espacio a la reconciliación con Dios y con el prójimo, para que caigamos en cuenta que el amor de Dios nos hace nuevos y mis prójimos son mis hermanos.
La cuaresma, es etapa profundamente formativa para corregir o eliminar costumbres, moderar gustos, educar la manera en cómo empleamos el dinero, el tiempo, etc. Cuaresma es un tiempo para que ejercitemos una vida interior más intensa, y que al paso de los días pueda ir dando fruto.
Abramos nuestra mente y aceptemos que mucho de lo que hagamos, sintamos, pensemos, leamos, etc. en estos cuarenta días, nos recuerdan la siguiente verdad: Dios nos espera (es paciente con todos para alcanzar nuestra conversión), porque nos ama. Cuaresma es una invitación a volver a Dios, dejando nuestra a un lado nuestra vida desordenada, floja, indiferente y tomar otra vez el camino que Jesús nos enseñó. Por eso la lectura y meditación de la Biblia sobre todo del evangelio, tiene que ser parte de la vida diaria. Cuaresma con el estudio de la palabra de Dios tiene que ser tan importante como cuando se mira con cuidado un mapa para emprender el viaje y se quiere saber en ¿qué punto se encuentra uno? ¿Cuánto falta y cómo se va a continuar?
Hoy, se nos sugiere detenernos y meditar con el Génesis y el evangelio de san Mateo. ¿Qué nos hace pensar, qué sentimos? ¿Cuál es nuestra percepción, a qué se refiere? ¿Por qué Jesús está tan involucrado en una experiencia tan fuerte? “Jesús fue conducido por el Espíritu al desierto para ser tentado por el demonio”. San Mateo nos presenta, la confrontación de Jesús con el enemigo que le seguirá constantemente a lo largo del camino y al que quisiera vencer. Es la confrontación entre el proyecto del Padre y el proyecto del enemigo. La confrontación se desarrolla, en el desierto, que además de identificarlo como un lugar, es el ambiente por excelencia de la prueba, en nuestra persona. Por ello, ahora hagamos consciencia y ubiquémonos, ¿Cuál es el proyecto de Dios para mí? Y ¿Cuál el que me propone el enemigo? Y si el enemigo se me ha hecho presente y se me presentará igualmente en el desierto, en la prueba, más que rechazar la prueba (tentación), la asuma y enfrente con decisión como Jesús me enseñó.

En el momento de mayor necesidad, cuando Jesús tuvo hambre, se le acercó el tentador y le hizo sus propuestas, que en realidad son tentaciones:
Manda que estas piedras se conviertan en panes. La primera tentación, nos quiere imponer vivir dominados por los deseos físicos del cuerpo. El ayuno, nos hace poner en su sitio esos deseos superfluos e innecesarios, (que les hemos dado el nivel sólo de importantes para mí), si aplicamos el ayuno como dominio personal, permitimos que nuestro corazón se deje guiar por el Espíritu que nos conduce hacia las realidades que son verdaderamente importantes, (para Dios). Por eso la respuesta de Jesús fue: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.
Si eres el Hijo de Dios, échate para abajo. La segunda tentación es la desconfianza hacia Dios, expresada por esta exageración de confianza, tentación que se vence con la oración. La oración nos hace desterrar el deseo de controlar y manejar nosotros a Dios, dejando así espacio en nuestro corazón al Espíritu, que pone confiadamente nuestra vida en manos de Dios para que sea Él quien nos gobierne. Por eso Jesús dijo: No tentarás al Señor tu Dios.
Te daré todo esto si te postras y me adoras. La tercera tentación es, el deseo de poseer bienes terrenales, ambiciosamente, dándoles el corazón y destruyendo al paso todo y a todos con tal de tenerlos, haciéndonos serviles del dinero. Tentación que se supera con la limosna, con la generosidad. La limosna nos hace ser desprendidos y nos evita endiosar los bienes materiales, dejando así espacio en nuestro corazón al Espíritu, que nos conduce hacia el único Dios que debe dominar nuestra vida. Por eso Jesús dijo: Adorarás al Señor, tu Dios, y a Él sólo servirás.
Así nosotros, en la medida que dejemos espacio en nuestro interior al Espíritu Santo, el mismo Espíritu irá operando en cada uno de nosotros la conversión que pretendemos a lo largo de la Cuaresma, llenándonos cada vez más con la vida que procede de Dios, respondiendo verazmente, al proyecto que Dios tiene para mí, y por atrayentes que sean las propuestas del enemigo, sepa y sobre todo queriendo pueda vencerlas.

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