¡Confía en Dios!

IMG_0945

A CADA DÍA LE BASTAN SUS PROPIOS PROBLEMAS
Jesús maestro dispuesto a enseñarnos como siempre está aquí entre nosotros: “donde dos o tres estén reunidos en mí nombre ahí estoy yo en medio de ustedes.” Él ha conocido y conoce la realidad, del hombre de ayer y de hoy, tan similar: Antes con tecnología rudimentaria, con poco confort, con una comunicación reducida, pero con una gran sabiduría procedente de Dios y del esfuerzo propio. Hoy, con una tecnología desbordante, con un confort exaltado y una comunicación diversificada, pero con la sabiduría dependiente de la disposición o indisposición personales y a veces ausente. Sea ayer, u hoy, nos movemos, nos dejamos atraer, nos motiva e impulsa Dios o el dinero, la preocupación por la vida o buscar el Reino de Dios y su justicia…
¡Hagamos un alto!, depende de nosotros, de nadie más, no de las circunstancias externas, ni de las internas, si queremos lo decidimos sólo nosotros. Preguntémonos algo ¿Estoy satisfecho (a) en el cómo estoy llevando mi vida? La vida de mis niños, de mis jóvenes ¿de qué está dependiendo? de mis motivaciones, de la formación que les estoy ofreciendo o de la carencia de acompañamiento en sus vidas. Podemos hacernos siempre muchas preguntas, y de entre ellas otra como esta: ¿A quién estamos sirviendo a Dios o al dinero? Éste último es indispensable, en la medida en que nos hagamos dependiente de él, procederemos y podemos impregnarnos de su aroma; para su uso no hay una medida estándar, hay quien vive porque así lo decide con muy poco y hay quien necesita de enormes cantidades y no le alcanza nunca ¿De qué depende? Nos creamos necesidades, urgencias que al no satisfacerlas somos infelices.
Por supuesto, que de la presencia de Dios o de su ausencia, nuestra vida gira hacia la felicidad o hacia la desgracia, pero siempre y cuando así lo queramos, así lo decidamos, sobre todo al mirarnos en el atardecer de nuestra existencia. Si de la posesión del dinero hacemos depender nuestra vida, ya desde hace más de dos mil años, Jesús advertía que la vida está hueca, la vida no tiene sentido, la vida se hace servil del dinero. Jesús habla aquí, del dinero como de una persona, poseyendo como un poder demoníaco al que se somete el hombre codicioso y cuyo servicio es incompatible con el de Dios. De esta decisión de servir a Dios o a las riquezas y posesión, se desprenden una serie de elecciones, y de ahí las enseñanzas que desarrolla el resto del evangelio.
Si estoy unido a Dios y mi intención es buscar su Reino y su justicia no me voy a preocupar de todo lo que hoy mi Señor me enseña que es pasajero; pero si no estoy unido a Él y si no adopto buscar su Reino entonces todo será una amenaza a mi integridad: al no tener lo que quiera de comer, no tener lo que quiera de vestir, no tener lo que quiera de beber; y siempre estar inciertos por del día de mañana.
Nuestro Señor Jesucristo toca cada domingo aspectos esenciales de la vida y hoy no es la excepción, ¿A quién no le preocupa si tendremos de comer para mañana? ¿A quién no le preocupa si tendremos qué vestirnos? El Señor no quiere que seamos flojos, menos que esperemos que la comida caiga del cielo y que descolguemos la ropa de las ramas de los árboles, sin embargo, quiere que confiemos absolutamente en Él, que le sirvamos y junto a Él busquemos su Reino en nuestro hogar, haciendo de nuestro casa su estancia preferida, así mismo en nuestro trabajo, en nuestra escuela; que mi casa que sea la entrada de su Reino y así mi persona.
¿Cómo les puedo enseñar a mis hijos que vivan en esa dinámica? ¿Cómo puedo educar a quienes están bajo mi responsabilidad a que busquen primero el Reino de Dios y su justicia? Que ese sea mi objetivo, mi trabajo, mi afán, mi interés, mi esfuerzo, mi meta, espero que tú Señor me ayudes.

Deja un comentario