Dejándolo todo lo siguieron

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QUE ESTÉN PERFECTAMENTE UNIDOS (Is 8, 23-9,3; Sal 26; 1Cor 1, 10-13.17; Mt 4, 12-23)
HD. Domingo 22 de enero de 2017. III Domingo Ordinario Ciclo A.
En medio de la semana por la Unidad de las Iglesias cristianas, se nos propone desde la carta a los Corintios, reflexionar acerca de la Unidad. La exhortación es a partir del nombre de Cristo: “A vivir en concordia, a que no haya divisiones entre nosotros, a estar perfectamente unidos en un mismo sentir y un mismo pensar”. Hoy la Palabra de Dios nos confronta con determinación, porque la unidad es fundamental para nuestra vida, no tiene una característica accidental, es esencial a la vida de cualquiera de nosotros en cualquier latitud, cultura y posición. El término concordia con el que inicia san Pablo, hace referencia al latín cor, cordis (corazón) es decir, vivir de corazón a corazón y estar unidos desde el corazón. Sin embargo, la Unidad, no sólo una meta a alcanzar y tenerla como un trofeo que se consigue después de una competición, además de ser un fin, es un camino, un proceso a realizar, es un ir construyendo desde el corazón, la aceptación de los demás, la empatía con aquellos con quienes convivo, así como el amor que me permite alcanzar los niveles necesarios de una realidad que es dinámica, que cada día tiene una novedad, que cada día tiene sorpresas tanto positivas como negativas, pero siempre con la mira puesta en el objetivo esencial: LA UNIDAD. Dice san Pablo estar unidos en un mismo sentir; los sentimientos, son una fuente de energía que ha existido en nosotros casi desde nuestra concepción, y que estamos invitados a conocer y aceptar para aprender a obtener el mayor número de beneficios que podamos y si san Pablo hace referencia a ella, es porque tiene un potencial capaz de transformar el mundo, pero nosotros desearemos utilizar tal energía para lograr la unidad en nuestra familia, con nuestros compañeros de trabajo, en la parroquia, etc. San Pablo, avanza un poco más y nos dice: “Estén unidos en un mismo pensar”, somos lo que pensamos, y tiene tal fuerza nuestro pensamiento, que precisamente es desde él, que logramos creatividad, modificación de nuestro entorno, recreación de aquello que Dios ha depositado en nuestras manos, por eso están importante, plantarse la unidad desde el pensamiento, porque cuando éste se utiliza mal, destruye, provoca guerras, lastima y hace daño, por eso hoy san Pablo nos invita a pensar en la unidad y repensar en ella desde las capacidades intelectuales.
Permítanme hacer algunas preguntas: ¿Cuántos motivos tendremos para sentir y tener discordia? ¿Qué tan graves son nuestras divisiones? Son fundadas o son esos: dicen que me dijeron, que posiblemente… Esas divisiones son provocadas por no saber manejar mis emociones y mis reacciones son el fruto de mi impulsividad.
La última frase de esta página de san Pablo es: “Para no hacer ineficaz la cruz de Cristo”. San pablo descubre los motivos de aquella época que estaban produciendo la ineficacia de la cruz de Cristo. ¿Hoy cuáles son para nuestras circunstancias, lo que está provocando la ineficacia de la cruz de Cristo en nuestras vidas? Confrontémonos con nosotros mismos, no echemos culpas a diestra y siniestra, entremos en diálogo, aprendamos a aceptarnos, no hagamos más grandes los defectos de los demás, aprendamos a convivir, y hagamos el propósito firme de construir la unidad cada día. No hagamos ineficaz la cruz de Cristo, con nuestra incapacidad para luchar por la unidad, que es trabajo y responsabilidad de todos.

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